11 de febrero de 2012

Miguel Hernández



Hoy me apetece leer a Miguel;
porque me hace ver luz donde la sombra cayó
donde lo ordinario es acontecimiento,
el asta mástil de bandera
y la naranja dulce manjar.

Donde el pajar huele a hierbabuena,
la oveja es compañera de viaje,
el almendro engendra milagros
y su tierra es la mía.

Miguel, oh Miguel,
mi querido y añorado Miguel,
donde tú rozas yo palpito,
y cuando tu viento se calma yo muero.

Esta noche, Miguel, yo te añoro.
En este cielo que tuyo fue me cobijo,
y nadie como la piedra alicantina
será más terca y dura que mi recuerdo.

14 de enero de 2012

ruge



Ruge bravo. Ahora te adivino.
Una y otra vez rompes el silencio
de la oscuridad bañada de plata lunar.

Ritmos desencadenados en melodía
de espuma quebrada y confusa
siento tu herida en mi aliento.

Raudales, olores de color salado
que de repente cesan y de soslayo
apuñalan la quietud de la noche.

Bravo, mar de mis ausencias
que inundas en calma la pausa pausada,
la noche envelada, la aventura inacabada.

Lo sé, marcas el ritmo, el tono,
la guía de mis senderos,
mis futuros sin coraje, envalentonados.

Risa de los adentros, de tus frases,
de tus ojos azulados, ennegrecidos de
grises valses acompasados.

Respira, respiro.
Lates, acompañas el son
de entuertos anudados

Mi mar, el mío,
el de las noches estrelladas,
el de caminos animados.

24 de diciembre de 2011

en el cedro


En el cedro latente de mis suspiros
amargo camino recorro palpitando
donde se debate la victoria y el perdón
del que triunfante en su camino azaroso
rompe las lanzas del agrio fracaso.

¿Quién puede afirmar rotundo si el triunfo es suyo
o la derrota es su amante y compañera?

4 de diciembre de 2011

rayo fugaz


La fría muerte que vemos de lejos, en el umbral de mi vida se ha presentado.
Padre mío, mi raíz, mi asidero. Ya te has ido. La que nos aguarda pasó a tu lado arrancando entrañas de desconsuelo. Nos dejas, me dejas tras un último aliento sin antesala, sin despedida.

Rayo fugaz no atiende a razones…

Y no hay consuelo, aunque debo hallarlo en el merecido descanso tras la dura batalla de tu existencia. Porque tú proveías, porque tú abanderabas, porque tú eras ariete de la sangre.
Porque bravura exhibiste en la plaza de la vida, sembrando el pan entre estoques, donde quemabas tus noches largas y frías por nosotros; tus vidas.
Y  los días siguen pasando en este mundo donde ya no estás, donde cada jornada me lleva a ti.
Te extraño, te echo de menos, pero no queda más que el adiós, el gracias por tu vida; la que me codujo y me hizo lo que soy, la que procuró la mía.

(a mi padre)

9 de octubre de 2011

una vez te oí decir



Una vez te oí decir que tus lágrimas no eran amargas, que los senderos que trazaban mostraban caminos hacia el sol, que el temblor de tus labios reflejaba el frío de la mañana. A menudo me pregunto la razón de tus desencuentros, los vaivenes de tu temple.
Algo me dice que la vida cambió de raíl, los naranjos perdieron el dulzor y el humo de las chimeneas dejó de pintar los cuadros de tus sueños.

3 de septiembre de 2011

Siendo



Me doy la vuelta y me encuentro a mí mismo.
No hay manera.
No, sin motivo.
Desde lejos me veo.

Dar la vuelta al disco,
cambiar el ritmo, 
girar sobre sí mismo,
aterrizar en el abismo.

Frunzo el ceño,
doblo el empeño,
la razón de ser;
el misticismo.

Escuchando cantinelas  me sorprendo;
Lucía, Mercé y un poco de Amigo.
Me encuentro templando las cuerdas
de la vida descordada del vacío.