6 de enero de 2010

La sonrisa de un niño

Se ha escrito tanto sobre este tema que estoy seguro que no aportaré nada nuevo. Tampoco ese es mi deseo. Simplemente quiero dejar reflejado lo que he sentido hoy.

Pues resulta que los Reyes Magos de Oriente le han traído a mi hijo un juego de la consola de Nintendo Wii: el New Super Mario Bros. No hace falta decir que cada vez que veía la publicidad en la televisión se le caía la baba y me decía que seguro que sería un "superjuego". Os hago participes de cómo han sucedido los acontecimientos.

Después de ver la cabalgata de los citados de Oriente y regresar a casa de unos familiares para ver qué habían dejado los Reyes, descubrimos que al lado del Belén estaban los regalos de mi hijo entre otros. Resulta que para mi chaval habían dos paquetes con su nombre (él no lo sabía, pensaba que era uno y sería el juego de la wii), el primero que ha visto era el más voluminoso, colocado por supuesto en primera posición. Éste lo ha empezado a abrir con un nerviosismo tremendo: unas maravillosas zapatillas han dejado la cara de mi ángel más gélida que un copo de nieve. Tras este fracaso se ha retirado para que el resto de los que estábamos allí recogiésemos nuestros presentes. Pero cuando resignado iba a sentarse en el sofá, le hemos dicho que parecía que había otro regalo para él. Se ha acercado sin mucha fe y ha empezado a rasgar el envoltorio. Era el juego de Mario; la sonrisa de un amanecer ha invadido el salón. Nunca lo olvidaré. Más tarde me ha dicho: mañana será uno de los mejores días de mi vida; ya tengo hechos los deberes, jugaré toda la mañana a la wii con mi nuevo juego de Mario y todavía me quedarán regalos que recoger en casa de mis tías.

Cada niño sonríe y/o es feliz en función de las circunstancias en las que vive. Un chusco de pan en España no ofrece lo mismo que en Somalia, pero para mí, la sonrisa sincera de un niño no tiene precio, y si se adereza con un picante retozo ya es degustar los manjares de la felicidad.

1 olas:

Sonrisa... dijo...

Tu lo has dicho...se ha escrito mucho sobre el tema, pero para el que experimenta esa sensación es siempre nuevo...
Soy madre y abuela, y estoy reviviendo la experiencia como si fuera algo nuevo, por suerte mi primera maternidad fue a los 18 años y digo suerte porque hoy en día tengo a mi hija y mi nieta con todas mis energías para poder disfrutarlas.
Mi pena es no recordar muchas de las sonrisas de mi hija,por mi inmadurez y poca capacidad para una tarea tan sacrificada como es la de ser madre cuando tienes que ser niña.
En fin, disfrutemos de esos deliciosos momentos pues pasan en un suspiro.
Me ha gustado leer tu post...que no haríamos los padres por verlos sonreír siempre, y que más tarde tengan ese recuerdo en su mente como el mejor de muchos otros.
Un beso...